La
situación lingüística colombiana se caracteriza por la existencia de una lengua
dominante, el castellano, hablado por cerca del 98% de la población, y por el
uso de más de 60 lenguas indígenas y 2 lenguas criollas. El castellano es
lengua oficial y dominante en Colombia; además, se considera que la mayoría de
hablantes de esta lengua no maneja las lenguas restantes y, en algunos casos,
las concibe como inferiores (Gröll 2009). Aunque el castellano es la lengua
mayoritaria, esto no significa que no existan ciertas diferencias dialectales.
Para autores como Gröll (2009), es posible clasificar la variedad del
castellano en dos grandes grupos: el español costeño, que incluye las
variedades habladas en la costa atlántica y pacífica, y un grupo que, a grandes
rasgos, podría denominarse español andino. Sin embargo, es
necesario tener en cuenta que existen otras variedades como el castellano
hablado en la región amazónica que se encuentra en contacto con un gran número
de lenguas indígenas y con una lengua mayoritaria, el portugués. De esta
manera, es posible afirmar que, aunque el castellano es la lengua mayoritaria,
éste se caracteriza por su gran variedad dialectal y el constante contacto con
lenguas minoritarias.
En
cuanto a las lenguas indígenas, solo un 2% de la población colombiana las
habla. Dado que existen más de 60, algunas de ellas son utilizadas como lenguas
francas entre miembros de diferentes grupos indígenas que conviven en una misma
región. En los territorios donde son utilizadas, sus funciones le limitan más
al campo de la esfera privada, la familia, dado que el castellano ocupa la
esfera pública. Por otra parte, la mayoría de ellas se clasifican en 13
familias lingüísticas: Chibchas, Arawak, Caribe, Quechua, Bora, Peba-yagua,
Tupí-Guaraní, Uitoto, Tucano, Guahibo oriental y occidental, Makú-Puinabe,
Sáliba, y Choco (Ardila 2012). El primer grupo es hablado, sobre todo, en la
Sierra Nevada de Santa Marta, mientras que las lenguas de la familia Arawak se
distribuyen a lo largo de la región del Orinoco y el río Vaupés. La familia
Caribe posee hablantes tanto en el norte del Santander como en el
departamento del Caquetá. Las lenguas agrupadas en la familia Quechua son
habladas al sur del país. Por su parte, las lenguas Tucano occidental, que
agrupan 15 variedades, se encuentran, mayoritariamente, en el oriente del país
y muy pocas en el suroeste (M. González 2010). La familia Guahibo es hablada en
Llanos Orientales, al igual que las lenguas de la familia Makú-Puniabe.
Dispersos en la Amazonía se encuentran los hablantes de la familia Uitoto. Por
último, la familia Choco, que incluye dos lenguas, se encuentra a lo largo de
la costa pacífica (Gröll 2009). Cabe mencionar que existen siete lenguas que no
han sido clasificadas en familias lingüísticas: andoque, awa-cuaquier, kamsá,
cotán, guambiano, nasayuwe y ticuna.
En
relación con la vitalidad lingüística de las lenguas indígenas, estas son
habladas por grupos muy reducidos, pues se encuentran en la mayoría entre el
rango de 500 a 1000 hablantes, luego entre 100 y 500 y, finalmente, de 1000 a
5000 (Ardila 2012). De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad
Nacional de Colombia, cuyo objetivo era analizar el grado de vitalidad de las
lenguas en el Amazonas, es posible afirmar que debido al contacto que dichas
lenguas tienen con el castellano, éstas se encuentran en un proceso de pérdida
de dominios, pues el castellano, cada vez más, pasa a ser la lengua materna de
las nuevas generaciones (Ardila 2007). A la par, factores como los medios de
comunicación, el contacto con instituciones occidentales y los procesos
educativos han contribuido al incremento de un conocimiento pasivo de las
lenguas indígenas por parte de los hablantes jóvenes. Por último, aunque es
difícil elaborar diagnósticos precisos sobre la vitalidad de las lenguas
aborígenes dada su gran diversidad, existen dos tendencias, según Ardila
(2010): primero, hay una disminución del número de hablantes en las
generaciones jóvenes y, por otro lado, se prefiere el uso del castellano,
llegando incluso al ámbito familiar, hecho que podría afectar la transmisión de
dichas lenguas a futuras generaciones.
Por
su parte, en Colombia existen dos lenguas criollas de diferente base léxica: el
palenque, de base léxica española, y el criollo sanandresano de base léxica
inglesa. Estas son habladas por unos pocos miles de hablantes quienes, en la
mayoría de los casos, son bilingües. Las lenguas criollas colombianas se ubican
en la región Caribe y hacen parte histórica y lingüísticamente de un grupo
mayoritario de lenguas que se desarrolló en dicha región, debido a procesos de
conquista y colonización entre los siglos XVI al XX. En la actualidad, se
presenta una situación de diglosia entre el criollo palenquero y el castellano.
Sin embargo, cada vez más la lengua mayoritaria está asumiendo las funciones
del criollo, generando que los jóvenes tengan un bilingüismo pasivo en dicho
código. De esta manera, son los adultos y los ancianos los que, casi de manera
exclusiva, utilizan la lengua (Ardila 2012).
En
el caso de de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, se presenta una
situación de trilingüismo, en la que el criollo convive con el castellano y el
inglés estándar caribeño. Dicho contacto ha llevado, según Sanmiguel (2007), a
un uso diferenciado de las lenguas, es decir, diglosia. De esta manera, en las
islas el castellano es la lengua del gobierno y la educación, mientras que el
criollo es usado en situaciones informales y cotidianas; por su parte, el
inglés estándar tiene un uso marcadamente restringido, pues es solamente
utilizado en los servicios religiosos. En cuanto a los hablantes de esta lengua,
denominados raizales, de un total de 18971, el 79.52 % afirma hablar la lengua,
mientras que el 20.37% afirma no hablarla, el porcentaje restante afirma hablar
otra lengua (Moya 2010b). Por último, es importante resaltar que hay un aumento
del monolingüismo en castellano, el bilingüismo más característico es el
creole-castellano, y la lengua criolla es vista como una barrera educativa, y
no como un elemento que potencie avances sociales en la isla (Sanmiguel 2007).
En
definitiva, Colombia es un país de una gran diversidad lingüística. En él no
solo conviven diversas variedades dialectales del castellano, sino que, además,
múltiples lenguas indígenas y criollas están en contacto entre sí y con la
lengua mayoritaria. Esto ha generado diversos procesos de bilingüismo y
trilingüismo. A continuación se presentan las políticas lingüísticas que se han
encargado de regular dicha diversidad.