lunes, 25 de noviembre de 2013

"Crea fundación para ayudar a inmigrantes en la escuela"

Charlotte, NC.- Para el maestro colombiano Fredy Romero hay mucho por hacer por los estudiantes hispanos y sus padres en el sistema escolar de Charlotte-Mecklenburg, y él está dispuesto a hacerlo mediante la Fundación Colombo Americana (COAMFO, en inglés), que recién fundó. Cree que se deben fortalecer los recursos de traducción en los planteles y lograr una mejoría en las comunicaciones entre docentes y padres de familia.

El bogotano trabajó en el Sistema Escolar de Charlotte-Mecklenburg del 2002-2005 y regresó en 2007 por medio de un programa de maestros internacionales y fue maestro de 6to grado de Inglés Como Segunda Lengua (ESL) en la escuela intermedia Albemarle Road. Romero hizo parte del equipo de liderazgo de la escuela y ayudó con la traducción a los padres de familia que no dominan el inglés. En 2010 ganó el premio al Mejor Maestro del CMS de su escuela.  En su natal Colombia, Romero también fue educador y luego obtuvo una maestría en Administración Educativa en la Universidad de Commonwealth en Virginia.

“La fundación pretende ser un modelo de mejores prácticas que ayudará a reducir las barreras lingüísticas que impiden las relaciones entre estadounidenses y los inmigrantes que no dominan el inglés”, dijo. Además, la misión es crear un ambiente seguro para intercambiar experiencias culturales, de capacitación y educativas entre ciudadanos estadounidenses y de la creciente comunidad colombiana y de otros países de habla hispana, amplió.

La Fundación Colombo Americana brinda el Programa Bienvenidos al condado Mecklenburg, que ofrece a las familias, cuyos padres no hablan inglés, información detallada sobre recursos, servicios, agencias de referencia y educativas que existen en la comunidad.
“Es muy necesario un programa guía, de orientación de los recursos básicos que satisfagan la necesidad de información que traen los inmigrantes nuevos en la ciudad o condado y la mayoría de información provendrá de Centro Internacional del CMS”, dijo Romero. También contarán con talleres de inglés para padres inmigrantes, español para maestros, así como charlas de sensibilización cultural para la Policía y los Bomberos locales.
http://holanoticias.com/news/2012/jul/17/crea-fundacion-para-ayudar-inmigrantes-en-la-escue/

OPINION: Inmigración en Colombia: Puerta de Oro o Puerta Sellada

Una queja usual a la que muchos colombianos adhieren es el trato de ciudadanos de segunda que recibe buena parte de nosotros cuando nuestros planes y sueños se cruzan con las autoridades migratorias de muchos países del mundo. Por ello no deja de ser paradójica la política de inmigración colombiana, que mide a los pocos extranjeros que buscan el sueño colombiano con un rasero mucho más difícil que el que se nos da en el exterior. Un ejemplo más de aquella parábola bíblica sobre la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.
La inmensa mayoría de ciudadanos extranjeros que desean visitar el país como turistas no tienen ningún tipo de restricción (más allá de la usual de una permanencia máxima renovable). Esta facilidad no sorprende dado el interés de largo plazo por promover a Colombia como un destino turístico internacional. Sin embargo, en este post quiero concentrarme en la política colombiana frente una clase de inmigrantes con un potencial mucho más grande de alterar el desarrollo económico de largo plazo en el país: aquellos que buscan viajar a Colombia a hacer una vida, buscar trabajo o hacer empresa y crear oportunidades.
Históricamente la población extranjera residente en Colombia ha sido mínima. De acuerdo con el censo de 2005, el 0.27% de la población colombiana nació en otro país. Una causa de ello puede ser el conflicto armado y la baja prosperidad económica del país. Sin embargo, estas explicaciones pierden poder si comparamos a Colombia con otros países latinoamericanos de desarrollo histórico similar y con episodios pasados de violencia o dictaduras, como Argentina (4.4% de población extranjera), Venezuela (3.5%), Brasil(2.42%), Chile (1.1%) o México (0.85%). Muy lejos, por lo demás, de áreas del mundo más ricas y abiertas, como los Estados Unidos (12.9%) o la Unión Europea (9.4%).
La principal razón por la que el número de extranjeros es tan reducido en Colombia es que, históricamente, las puertas del país han estado efectivamente cerradas debido al absurdo de los requerimientos burocráticos. Menciono algunos ejemplos extraídos del sitio web de la Cancillería colombiana: para obtener un visado de trabajo en Colombia, además de requerir un contrato firmado autenticado por notario colombiano, los extranjeros requieren presentar matrícula profesional o autorización para ejercer la profesión en Colombia. Por supuesto, obtener la matricula profesional es un problema en sí mismo, teniendo en cuenta que muchos consejos profesionales no cuentan universidades extranjeras como acreditadas para matrícula. Si el extranjero no puede proveer matrícula, debe proveer entonces un documento que certifique que no requiere matrícula para ejercer su trabajo (¿sabe alguien qué autoridad en el mundo produce documento semejante?). Si el inmigrante desea llevar a cabo trabajo independiente, debe mostrar que tiene la suficiente capacidad económica (¿no sueña la persona que aplica precisamente con alcanzarla?), en adición a una certificación que indique dónde se va a llevar a cabo el trabajo independiente (sin comentarios). Los permisos de residencia para trabajadores calificados solamente se otorgan a quienes llevan viviendo años en el país, y los de inversionistas requieren un mínimo monto a invertir de U$100.000, por supuesto debidamente certificado y autenticado su origen ante el Banco de la República.
Esta política es un desastre monumental. En otra ocasión he citado el trabajo de John Kennan, quien concluye que si todos los países del mundo eliminaran las barreras a la migración internacional, el ingreso per cápita mundial podría multiplicarse por un factor cercano a dos. Entre las ganancias asociadas a esta propuesta está la posibilidad que tendrían los países en desarrollo de atraer inmediatamente capital humano altamente calificado, algo que toma décadas construir con el sistema educativo tradicional. En la coyuntura actual de alto desempleo en Europa, por ejemplo, miles de trabajadores han empezado a evaluar la posibilidad de migrar a América Latina, y Colombia se verá rezagada frente al resto del continente si no los atrae con la suficiente decisión. A manera de contraste, el nuevo sistema migratorio chileno no solamente no requiere monto de inversión mínima para inversionistas potenciales, sino que el gobierno mismo otorga permisos de residencia y financia proyectos de extranjeros que tengan la capacidad de incrementar la capacidad tecnológica chilena.
Podría concluir diciendo entonces que la política de inmigración colombiana es un disparate económico en un contexto de globalización, y que es urgente cambiarla de inmediato. Pero prefiero volver al principio y apelar a la moraleja de la historia de la diáspora colombiana: llevamos décadas soñando con el día en que las puertas se nos abran y termine el tratamiento de país paria. Podríamos empezar, haciendo honor a la legendaria hospitalidad colombiana, por abrir las puertas de casa y dar la bienvenida al mundo.
http://plataformacol.com/inmigracion-en-colombia-puerta-de-oro-o-puerta-sellada/

INMIGRANTES

La palabra inmigración, aceptada unanimemente por todas las legislaciones, dice necesaria
relación con la voz castellana emigrar, que el diccionario define como "el hecho de dejar su patria yendo a establecerse o refugiarse en una nacióextranjera; pasar de un lugar a otro mas o menos distante.

Colombia cuenta con 90 mil inmigrantes, es decir, 0.22% de la
población total para 2005 (ver Grafico 1.). En cuanto a la evolución del número de
inmigrantes en Colombia a través del tiempo, los censos de población llevados a
cabo en el país en los últimos cincuenta años dan cuenta que esta población no han
superado nunca las 170 mil personas. Además, las cifras muestran que durante el
periodo 1964-1985 se dio la única oleada migratoria notable hacia Colombia, el
número de inmigrantes se duplicó al pasar de 82 a 165 mil personas. A partir de
1985 el stock de inmigrantes ha decrecido sostenidamente, y en 2005 se contaban
menos de 100 mil.

Gráfico 1. Evolución de los inmigrantes en Colombia de acuerdo a censos de
población 













Respecto a la procedencia de los inmigrantes, es posible identificar tres principales
orígenes: Venezuela, Estados Unidos y Ecuador. El Gráfico 2  muestra que en 1985,
un poco más de la mitad de los inmigrantes en Colombia provenían de Venezuela,
seguido por Estados Unidos y en tercer lugar, de Ecuador. Con el tiempo, Colombia
perdió su atractivo como destino para los habitantes de los países vecinos, debido a
la recuperación de la economía petrolera venezolana a finales de los ochenta y a la
mayor emigración de los ecuatorianos hacia el Perú. Esto es reiterado por Arteta et
al. (2006), quienes muestran que desde 1999 los flujos migratorios de ecuatorianos a
Colombia han sido negativos (es decir que están retornado a su país), mientras que
los flujos al Perú (positivos) se han duplicado en los últimos cinco años.

Gráfico 2. Procedencia de los inmigrantes en Colombia



http://www.iadb.org/intal/intalcdi/pe/2009/02989.pdf  SI REQUIERE MAS INFORMACION CONSULTE LA PAGINA ANTERIOR.


ETNICA - INTERCULTURAL


La Constitución de 1991 partió en dos la historia legislativa de Colombia en referencia a las comunidades étnicas existentes en la nación, puesto que se reconoció institucionalmente la diversidad lingüística y cultural del país y este acontecimiento tiene repercusiones en los sectores administrativos y educativos de todo el territorio colombiano. A partir de esa fecha, las instituciones educativas deben realizar acciones tendientes a valorar, respetar y divulgar las diferentes manifestaciones culturales de los grupos étnicos que integran la sociedad colombiana. Es decir el carácter multicultural y plurilingüe de Colombia hace parte de los saberes que se deben socializar en las diferentes instituciones educativas, ya sean de poblaciones indígenas, afrocolombianas, mestiza, ROOM, raizales o inmigrantes tanto públicas como privadas.
Por tanto en las propuestas curriculares de los estamentos educativos, la diversidad cultural debe asumirse como un eje transversal y no sólo como una temática aislada que se tiene en cuenta en determinadas fechas del año escolar y limitadas a ciertas áreas como el de las Ciencias sociales. Es imperativo que la comunidad educativa colombiana, en general, reflexione, valore, reconozca y se apropie de los diferentes saberes construidos durante varias generaciones por los grupos: indígenas, ROOM, afrocolombianos y raizales, ya que éstos conforman el patrimonio cultural de nuestra nación y del mundo


Treinta líderes de grupos étnicos  de Colombia y representantes del Ministerio de Cultura colombiano iniciaron, el pasado mes de marzo, la revisión del proyecto de Ley en favor de la protección y el fomento de las lenguas nativas. Con este proyecto de ley se pretende proteger la diversidad lingüística de este país, estableciendo derechos y promocionando el uso y desarrollo de las lenguas nativas. Se plantea además la necesidad de poner en marcha proyectos de investigación y el desarrollo de programas académicos dirigidos a intérpretes y traductores de las lenguas nativas, consideradas patrimonio inmaterial de Colombia. 




ENTORNO LINGüISTICO


"Respetar la diferencia lingüística implica dar el lugar que le 
corresponde a la lengua según las necesidades 
educativas de los estudiantes". 

Un entorno lingüístico, entendido como el espacio donde se comparte, se adquiere y se fortalece una lengua en forma natural. 

En el caso de las personas sordas, algunas aprenden el castellano oral como primera lengua, pero no todas lo logran. Quienes no la adquieren, necesitan aprender y desarrollar la lengua de señas colombiana (LSC), organizando los entornos lingüísticos apropiados para convertirse en usuarios de ella y se implementa una enseñanza bilingüe desde la básica primaria. 

Una propuesta educativa bilingüe se define como un tipo de programa educativo en el que se usan dos lenguas. Ambas lenguas se utilizan en contextos diferenciales para que el estudiante logre manipularlas de forma separada.

Estudiantes sordos usuarios de la LSC comparten su proceso educativo con oyentes (básica secundaria, media y superior) acompañados por intérpretes.

Los grupos consultados opinan que en la actualidad considerando las particularidades comunicativas de este grupo de estudiantes es importante que se continúe ofreciéndoles su educación con la mediación de los servicios de Interpretación en Lengua de Señas Colombiana y con Modelos lingüísticos apropiados, respetando esquemas alternos que han demostrado su validez, como es el caso de las aulas para alumnos sordos usuarios de la lengua de señas como primera lengua, durante la básica primaria. 

Es por ello que consideran que la educación básica primaria debe ser cursada en Instituciones para sordos o en Aulas que funcionan dentro de las Instituciones Educativas Inclusivas, para de esta forma facilitar los procesos de identificación y adquisición de la primera lengua como también el paso al aprendizaje de la segunda lengua (el castellano). Este esquema es una alternativa que ha favorecido su inclusión a la básica secundaria y su desarrollo académico y personal.¨ (Foro de discusión de la Herramienta Indicadores de Educación Inclusiva en Colombia)




http://www.inclusioneducativa.org/ise.php?id=5

La cooperación con Colombia en materia lingüística se ampliará al ámbito educativo


La consejera de Cultura Blanca Urgell y la viceconsejera de Política Lingüística, Lurdes Auzmendi, no solo se traen de Colombia la experiencia que supone conocer de primera mano cómo están trabajando muchas de las comunidades indígenas del país para recuperar sus lenguas y, más específicamente, para integrarlas en el sistema educativo. Además de haber participado como ponentes y como integrantes de distintas comisiones de trabajo en el II Seminario Nacional de Enseñanza de Lenguas Nativas en Bogotá y en sendas reuniones con la ministra de Cultura, María Fernanda Garcés, y con el viceministro de Educación, Mauricio Perfetti del Corral, han acordado intensificar la colaboración existente en materia de normalización lingüística entre Euskadi y Colombia. Así, además de renovar con el Ministerio de Cultura el protocolo de colaboración que se estableció en 2008, como novedad se suscribirá otro acuerdo con el Ministerio de Educación.
Ese nuevo protocolo abrirá las puertas a la colaboración en un aspecto capital desde el punto de vista de la pervivencia y la revitalización de las lenguas nativas: su incorporación a la enseñanza, lo que requiere el diseño de curriculos propios, la elaboración de materiales y la formación de docentes, los tres temas principales del seminario De hecho, el seminario Enselenguas en el que ambas han intervenido ha consistido básicamente en dar a representantes de más de una veintena de comunidades nativas la oportunidad de presentar las estrategias que ellas mismas han diseñado para que sus lenguas -'la lengua' por antonomasia- empiecen a hacerse un hueco en la educación. Estrategias a menudo pintorescas desde la perspectiva occidental y siempre enraizadas en la particular visión del mundo de cada una de las comunidades. Una visión en casi todos los casos íntimamente ligada a la naturaleza, que tiene en la lengua su vehículo de transmisión y pervivencia.
Desde comunidades con apenas un centenar de hablantes hasta pueblos que cuentan sus miembros por cientos de miles, todos han mostrado el enorme esfuerzo que están realizando y cómo se están sirviendo de los cambios legales y políticos que se han producido en los últimos años en Colombia en lo que respecta a las lenguas propias. Pero han puesto también de manifiesto limitaciones metodológicas que son precisamente las que, en función de las prioridades y los proyectos concretos que establezcan las autoridades colombianas y las comunidades indígenas, se apoyarán desde Euskadi.
«Más que gasto, inversión»
Como indicaba la consejera Urgell, la colaboración «se centrará en el intercambio de experiencias y el asesoramiento. Aunque sean malos tiempos, no podemos renunciar a la solidaridad y a la cooperación, y el ámbito de la lengua es clave para esas comunidades. Como también lo es para nosotros, me parece obligado compartir la valiosa experiencia que hemos acumulado. Más que un gasto, que además no será de gran cuantía y que se compartirá con los ministerios colombianos, es una inversión, incluso desde el punto de la vista de la gente que participe en esos proyectos».
En ese sentido, Lurdes Auzmendi señala que en la ejecución de las acciones que se deriven del nuevo protocolo participarán las entidades vascas que ya trabajan sobre el terreno o tienen experiencia en la materia, como Garabide o la Cátedra Unesco de la UPV, entre otras. Otra de las novedades es que los protocolos que se firmarán con los dos ministerios colombianos en los próximos meses contarán con sendas comisiones de seguimiento en la que habrá representación de las comunidades indígenas.
Comunidades de las que, como ambas coinciden en destacar, tenemos mucho que aprender. Blanca Urgell subraya lo que pueden aportar, desde el punto de vista de la atención a la oralidad. Auzmendi destaca su compromiso: «Nos han recordado cómo se trabajaba en su día por la recuperación del euskera».

INCLUSION LINGÜÍSTICA


La situación lingüística colombiana se caracteriza por la existencia de una lengua dominante, el castellano, hablado por cerca del 98% de la población, y por el uso de más de 60 lenguas indígenas y 2 lenguas criollas. El castellano es lengua oficial y dominante en Colombia; además, se considera que la mayoría de hablantes de esta lengua no maneja las lenguas restantes y, en algunos casos, las concibe como inferiores (Gröll 2009). Aunque el castellano es la lengua mayoritaria, esto no significa que no existan ciertas diferencias dialectales. Para autores como Gröll (2009), es posible clasificar la variedad del castellano en dos grandes grupos: el español costeño, que incluye las variedades habladas en la costa atlántica y pacífica, y un grupo que, a grandes rasgos, podría denominarse español andino. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que existen otras variedades como el castellano hablado en la región amazónica que se encuentra en contacto con un gran número de lenguas indígenas y con una lengua mayoritaria, el portugués. De esta manera, es posible afirmar que, aunque el castellano es la lengua mayoritaria, éste se caracteriza por su gran variedad dialectal y el constante contacto con lenguas minoritarias.
En cuanto a las lenguas indígenas, solo un 2% de la población colombiana las habla. Dado que existen más de 60, algunas de ellas son utilizadas como lenguas francas entre miembros de diferentes grupos indígenas que conviven en una misma región. En los territorios donde son utilizadas, sus funciones le limitan más al campo de la esfera privada, la familia, dado que el castellano ocupa la esfera pública. Por otra parte, la mayoría de ellas se clasifican en 13 familias lingüísticas: Chibchas, Arawak, Caribe, Quechua, Bora, Peba-yagua, Tupí-Guaraní, Uitoto, Tucano, Guahibo oriental y occidental, Makú-Puinabe, Sáliba, y Choco (Ardila 2012). El primer grupo es hablado, sobre todo, en la Sierra Nevada de Santa Marta, mientras que las lenguas de la familia Arawak se distribuyen a lo largo de la región del Orinoco y el río Vaupés. La familia Caribe posee hablantes tanto en el norte del Santander como en el departamento del Caquetá. Las lenguas agrupadas en la familia Quechua son habladas al sur del país. Por su parte, las lenguas Tucano occidental, que agrupan 15 variedades, se encuentran, mayoritariamente, en el oriente del país y muy pocas en el suroeste (M. González 2010). La familia Guahibo es hablada en Llanos Orientales, al igual que las lenguas de la familia Makú-Puniabe. Dispersos en la Amazonía se encuentran los hablantes de la familia Uitoto. Por último, la familia Choco, que incluye dos lenguas, se encuentra a lo largo de la costa pacífica (Gröll 2009). Cabe mencionar que existen siete lenguas que no han sido clasificadas en familias lingüísticas: andoque, awa-cuaquier, kamsá, cotán, guambiano, nasayuwe y ticuna.
En relación con la vitalidad lingüística de las lenguas indígenas, estas son habladas por grupos muy reducidos, pues se encuentran en la mayoría entre el rango de 500 a 1000 hablantes, luego entre 100 y 500 y, finalmente, de 1000 a 5000 (Ardila 2012). De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad Nacional de Colombia, cuyo objetivo era analizar el grado de vitalidad de las lenguas en el Amazonas, es posible afirmar que debido al contacto que dichas lenguas tienen con el castellano, éstas se encuentran en un proceso de pérdida de dominios, pues el castellano, cada vez más, pasa a ser la lengua materna de las nuevas generaciones (Ardila 2007). A la par, factores como los medios de comunicación, el contacto con instituciones occidentales y los procesos educativos han contribuido al incremento de un conocimiento pasivo de las lenguas indígenas por parte de los hablantes jóvenes. Por último, aunque es difícil elaborar diagnósticos precisos sobre la vitalidad de las lenguas aborígenes dada su gran diversidad, existen dos tendencias, según Ardila (2010): primero, hay una disminución del número de hablantes en las generaciones jóvenes y, por otro lado, se prefiere el uso del castellano, llegando incluso al ámbito familiar, hecho que podría afectar la transmisión de dichas lenguas a futuras generaciones.
Por su parte, en Colombia existen dos lenguas criollas de diferente base léxica: el palenque, de base léxica española, y el criollo sanandresano de base léxica inglesa. Estas son habladas por unos pocos miles de hablantes quienes, en la mayoría de los casos, son bilingües. Las lenguas criollas colombianas se ubican en la región Caribe y hacen parte histórica y lingüísticamente de un grupo mayoritario de lenguas que se desarrolló en dicha región, debido a procesos de conquista y colonización entre los siglos XVI al XX. En la actualidad, se presenta una situación de diglosia entre el criollo palenquero y el castellano. Sin embargo, cada vez más la lengua mayoritaria está asumiendo las funciones del criollo, generando que los jóvenes tengan un bilingüismo pasivo en dicho código. De esta manera, son los adultos y los ancianos los que, casi de manera exclusiva, utilizan la lengua (Ardila 2012).
En el caso de de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, se presenta una situación de trilingüismo, en la que el criollo convive con el castellano y el inglés estándar caribeño. Dicho contacto ha llevado, según Sanmiguel (2007), a un uso diferenciado de las lenguas, es decir, diglosia. De esta manera, en las islas el castellano es la lengua del gobierno y la educación, mientras que el criollo es usado en situaciones informales y cotidianas; por su parte, el inglés estándar tiene un uso marcadamente restringido, pues es solamente utilizado en los servicios religiosos. En cuanto a los hablantes de esta lengua, denominados raizales, de un total de 18971, el 79.52 % afirma hablar la lengua, mientras que el 20.37% afirma no hablarla, el porcentaje restante afirma hablar otra lengua (Moya 2010b). Por último, es importante resaltar que hay un aumento del monolingüismo en castellano, el bilingüismo más característico es el creole-castellano, y la lengua criolla es vista como una barrera educativa, y no como un elemento que potencie avances sociales en la isla (Sanmiguel 2007).

En definitiva, Colombia es un país de una gran diversidad lingüística. En él no solo conviven diversas variedades dialectales del castellano, sino que, además, múltiples lenguas indígenas y criollas están en contacto entre sí y con la lengua mayoritaria. Esto ha generado diversos procesos de bilingüismo y trilingüismo. A continuación se presentan las políticas lingüísticas que se han encargado de regular dicha diversidad.